Ser ciudad candidata a los Juegos Olímpicos

¿Cómo funciona el proceso?

Mucho se habla, más aun los meses posteriores a la ceremionia de clausura, de quiénes serán los siguientes en acoger la antorcha olímpica y montar todo el pifostio. A veces por desconocimiento, otras por que hay que rellenar minutos o páginas y el ciclo no ha empezado, pero se lanzan datos al aire que lejos de arrojar luz aportan más confusión.

115 miembros deciden a la ganadora. El Comité de Selección. Setenta cargos vitalicios (se autogeneran), quince atletas en activo elegidos por compañeros olímpicos, quince miembros de federaciones internacionales y otros quince elegidos por los comités nacionales. Los mandatos pueden durar hasta ocho años pero pueden ser reelegidos de forma infinita hasta los setenta años (hasta los ochenta si son miembros desde antes del año 2000). Algunos sobrevivieron al meteorito.

Suele ser costumbre que cada uno de los comités olímpicos nacionales abra el plazo de presentación de candidaturas once años antes de la celebración de los juegos, dando paso a un periodo de rivalidad entre ciudades que concluye nueve años antes del inicio de los Juegos Olímpicos.

Las ciudades escogidas, las primeras candidatas, pagan al COI no menos de 150.000 dólares por presentarse. Cuando hay sedes finalistas (han habido elecciones a dedo o retiradas que han dejado solo una opción en pie), quedan de tres a cinco ciudades que realizan otro ingreso de más de 500.000 dólares para competir por ser las “afortunadas”.

Estas candidaturas están dirigidas por intereses ecónimicos privados. Desde estudios de arquitectura, a bancos de inversión, bufetes de abogados de grandes grupos o medios de comunicación regionales. Estas empresas cuentan con sus propias redes, consultorías y publicisitas para generar interés.

De producir el evento de los cinco aros beneficio económico: será para ellos. En ningún caso para la ciudad o el país. De hecho, son numerosos los casos en los que, ante la falta de suelo para celebrar la gran cita, se mueven barrios enteros, se desplazan puestos de trabajo, se desvían recursos destinados a la ciudadanía, se aumenta la deuda (la pública, no la suya, claro) y se utiliza mano de obra barata.

Por ello, salvo intereses políticos —lavados de cara— u ocultos, cada vez menos países presentan sus candidaturas. Los suizos en marzo de 2013 votaron que no a los JJOO de invierno en 2022. Los alemanes, polacos y suecos hicieron exactamente lo mismo durante ese y el siguiente año. Llegó octubre de 2014 y Noruega tampoco apoyó la opción de Oslo. Al gobierno nórdico le pareció irracional todo lo que exigía el COI, llegando a compararlo con un caprichoso rey Saudí.

El Comité Internacional no se lo vio venir, acostumbrada su corte, llena de príncipes y princesas (daneses, jordanos, qataríes, británicos o kuwaitíes), a que gente como Blanco pretenda candidaturas tan extravagantes como imposibles en Aragón, Cataluña, Pirineos y vaya usted a saber dónde. Así que tuvo que elegir sí o sí entre dos países autoritarios: Kazajistán o China. Y Pekín, con todas las violaciones de derechos humanos a sus espaldas y todos sus problemas financieros y empresariales, se llevó el gato al agua. Otra vez. En la última, para los de verano de 2008, se gastaron 40.000 millones de dólares. Como reconocieron ellos mismos: ganaron 3.600.

Una respuesta a «Ser ciudad candidata a los Juegos Olímpicos»

  1. […] Los Ángeles volverá a ser sede olímpica. En 1984 lo fue y supuso un punto de inflexión. Como ya vimos, acoger el macroevento no resulta apetecible para las arcas de ninguna ciudad, salvo maquillaje o […]

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Soy Álvaro

El 5 de julio de 1954, mi abuelo inauguraba el ‘Liceo Coll’ en Quart de Poblet. El título de esta web pretende homenajearlo.
Después de muchos años enfocándome principalmente en el deporte olímpico, quiero volver a escribir sobre todo aquello que se me pasa por la cabeza: noticias, cine, literatura, deporte, videojuegos…