Ciclo Olímpico de Buenos Aires 2096.
No ha entendido bien la última pregunta de la rueda de prensa, todos esos ojos parecían esperar otra respuesta. Lo han intimidado con tanta insistencia y le ha parecido ver algunas sonrisas burlonas antes de abandonar la sala. ¿Cómo lo hace Carlo para aguantar tanta presión? ¿Cómo sobrevive a todas las apuestas que hacen sobre él? Su mirada se posa sobre la papelera del pasillo, alguien ha dejado sobre ella el tabloide inglés que todavía publica en papel, titula: “¿Debería Carlo Lucarelli volar del nido?”
En ese momento sale del vestuario Bernardo. El curtido nadador le dedica un saludo taciturno. A Billy Smith, los argentinos que han compartido vestuario con él, le llaman Bernardo por el tamaño colosal de su miembro viril, es fácilmente cuatro veces más grande que el del resto de deportistas de su Centro de Alto Rendimiento. Impresiona ver a alguien tan alto moverse con eso entre las piernas. El larguirucho veterano, al que sus patrocinadores le obligan a afeitarse, está ante sus últimos Juegos Olímpicos.
Billy le dio en su primera cita olímpica el mejor consejo posible: “no dejes que tu familia dependa de ti”. Durante este ciclo lo ha visto: compañeros que al lesionarse han endeudado a todos sus seres queridos, graves discusiones paternofiliales… por no hablar de los secuestros y nacionalizaciones express de Noruega.
Por eso se reúne ahora con los tipos de negro. La mujer que le retira la americana que Adidas le hizo a medida se incorpora cuando ve llegar a Michael Trent y a su mano derecha para abrirles la puerta de la habitación, donde cuatro sillas y una gran mesa oval los esperan.
Adel encuentra incómodo el asiento, se revuelve en él y lo regula mientras los ejecutivos se dejan caer sin más sobre los suyos.
— Mientras esperamos a tu manager nos gustaría agilizar algunas cosas para no entretenerte demasiado tiempo, sabemos de la importancia de tus entrenamientos—el tipo que no es Trent saca unos papeles— son meros formalismos, puedes ir firmando al final de cada página—con una sonrisa le tiende un bolígrafo que coge mientras mira el dibujo que hay grabado en él.
— Claro—entonces recuerda la expresión facial de Billy— ¿sabéis qué le pasa a Smith?
— Problemas familiares—interviene Michael— ya sabes, quiere ir a la universidad y hay ciertas incompatibilidades…
La mera idea de ir a la facultad le resulta tan utópica que no alcanza a comprender el burnout emocional que sufre su compañero de agencia. Empieza a firmar los documentos y, aunque intenta disimular la mueca de dolor, Trent se la caza.
— ¿Ocurre algo?—claro que ocurre, le duele desde hace un par de años de tanto repetir los mismos movimientos bajo las estrictas órdenes de Roxanne. Pero si le hacen el Test de Finkelstein le detectarán lo que empezó con el Síndrome Quervain.
— Nada, he probado un nuevo movimiento y ahora me duele el pulgar.
—Cuidado con eso—lo reprende.
— Tranquilo, me he tomado una pastilla al salir de la rueda de prensa—miente, pero no sabe detectar si ha convencido a Trent.
— Bueno, ¿sigues creyendo que el objetivo es posible?
¿Posible? No. China y Nueva Israel llevan treinta años generando campeones olímpicos en todos los deportes, superando con creces al resto de países con sus métodos. Esos que suponen uno de los problemas que el nuevo presidente del COI tendrá que resolver, hay mucha tensión por sus prácticas. Pero Adel come, habla y sueña para ser continuamente la mejor versión de sí mismo. Así lo dice el eslogan de su camiseta “El esfuerzo empieza en la cuna”. Ha aprendido a deshacerse de todas esas cosas mundanas que lo apartan del camino al éxito.
Nada es gratis, ha entendido que el sacrificio valdrá la pena. El Plan Rendimax lleva décadas captando talentos, gracias a él entró y conoció a toda la delegación olímpica actual. El lema “No son el futuro, son el ahora” caló hasta en la aldea más remota, es un programa perfecto para mejorar los resultados y tratar de plantarle cara a las potencias mundiales. La tasa de juguetes rotos cada vez es menor y los gobernantes sacan pecho de ello.

En ese instante entra su padre, que también es su representante, dejando sobre la mesa varios libros y saludando con los dientes a todos los presentes. Lleva una bolsa con el logo de un fenómeno de masas que el marketing ha convertido en libros, películas, series y videojuegos, pero Adel no sabe realmente cómo se llama. Si pueden comer juntos quiere preguntarle por su madre y por el título de la famosa saga.
— Perdón por el retraso, me interceptaron de camino—se disculpa— Ya saben, todos quieren saber más sobre los viajes y los hábitos de las estrellas—dice señalando a su hijo. Carraspea antes de añadir—dentro del libro de matemáticas tienes una hoja con los deberes del cole, Adel.








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