Frente al multitasking, el «preferiría no hacerlo»
El último Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025 se lo han dado a Byung-Chul Han, filósofo y ensayista surcoreano y profesor universitario en Berlín. Y se lo otorgaron justo en la semana en la que hablábamos en nuestras clases de él. Mejor timing imposible.
En sus breves ensayos disecciona las contradicciones de esta, nuestra sociedad postmoderna que habitamos. La sociedad del cansancio que analiza tiene que ver con la autoexplotación a la que nos sometemos pero también con la soledad en la que vivimos y al control que se ejerce sobre nosotros.
El miedo actual nada tiene que ver con agentes externos, sino con una violencia positiva que amenaza al ser humano por exceso de positividad. Habla de los excesos, el de alimentación (obesidad), el de trabajo (burn out) o el de hiperactividad por déficit de atención (con el ejemplo del TDAH). Un peligro de sobredotación de medios.
El premiado filósofo lo contó de nuevo delante de la prensa y de los políticos, el capitalismo ha entrado en una nueva fase. Ya no vivimos en esa sociedad industrial en la que nos vigilaba y oprimía un jefe en una fábrica. Todo se ha refinado. Ahora somos nosotros mismos los que caemos rendidos tras autoexplotarnos. Tal es su victoria que la exigencia se la impone el propio trabajador. La psicología positiva tenía (y tiene) cara B, pues se une al discurso de que cada uno tiene que ser el dueño, el emprendedor, el empresario de su propia vida. ¿Cuántos streamers cantan la misma canción del autónomo hecho a sí mismo, de que tomaron las riendas para rendir continuamente y mejor? De ahí viene la sociedad del cansancio, de este rendimiento que queremos extraer incluso del ocio. Analizamos y pretendemos resultados contando la cantidad de películas y de libros que consumimos, los pasos realizados al día…
Se nos presenta el multitasking como un logro social. La fatiga informativa y la distracción permanente de la atención con la que nos asedian nos confunde: ser capaz de hacer varias cosas a la vez no es progreso, es retroceso. Abstraerse de todo lo demás para concentrarnos en una sola tarea fue lo que permitió a la civilización avanzar. Los estímulos constantes fatigan y el ser humano lo está pagando ya.
Digámonos: preferiría no hacerlo.
La otra pata es la soledad en la que nuestra especie se ha instalado. La sociedad, en general, se ha vuelto individualista. Estamos hiperconectados y, al mismo tiempo, más solos que nunca. Hemos perdido el alma colectiva y, tan cansados, nos hemos despersonalizado.








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