La adicción al móvil

¿Aliado indispensable o enemigo silencioso?

El teléfono móvil es casi una extensión de nuestro cuerpo. Lo llevamos en el bolsillo, en la mano o sobre la mesa, siempre a la vista. Lo consultamos decenas —o incluso cientos— de veces al día. Y aunque solemos escuchar discursos que lo pintan como el gran villano moderno, lo cierto es que también nos regala comodidades enormes que sería injusto ignorar.

El reto está en reconocer ese doble filo: es una herramienta fantástica… pero también puede atraparnos en un círculo de consumo inmediato y recompensas fáciles que afecta a nuestra paciencia, a nuestra forma de relacionarnos y hasta a nuestra salud mental.

Las comodidades que nos cambian la vida

No podemos negar lo evidente: gracias al móvil estamos más conectados que nunca. Podemos hablar en segundos con alguien que está en otra ciudad o al otro lado del mundo. Nos da mapas para no perdernos, acceso a bancos y trámites desde el sofá, música para cada momento y una cámara que captura cualquier recuerdo al instante.

También es un espacio de ocio y creatividad: desde escuchar un podcast en el bus hasta editar un vídeo o descubrir una receta nueva. El móvil nos ofrece oportunidades infinitas que antes eran impensables. Y ahí reside su atractivo: lo tenemos todo al alcance de un dedo.

La trampa de la inmediatez

El problema surge cuando ese “todo ya” se convierte en regla. Nos acostumbramos a que nada tarde más de unos segundos, y cualquier espera nos incomoda.

¿Un vídeo que tarda en cargar? Irritación. ¿Un pedido que llega en 20 minutos en lugar de 10? Impaciencia. ¿Un mensaje que no recibe respuesta inmediata? Ansiedad. La cultura del click ha moldeado nuestra mente para exigir gratificación instantánea, y cada vez toleramos menos la demora. Y no me refiero únicamente los jóvenes. Nos incluyo a todos.

Esto no solo afecta a lo digital: se extrapola a lo cotidiano. Queremos resultados rápidos en el trabajo, cambios inmediatos en nuestra salud, soluciones exprés para problemas complejos. Y cuando la realidad no sigue ese ritmo, aparece la frustración. El móvil, sin quererlo, nos ha entrenado en la impaciencia.

La psicología de la recompensa fácil

Aquí entra en juego un mecanismo aún más poderoso: la dopamina. Cada vez que recibimos una notificación, un “me gusta” o un mensaje, nuestro cerebro lo interpreta como una pequeña recompensa. Esa chispa de satisfacción nos anima a seguir revisando el móvil una y otra vez.

Las aplicaciones y redes sociales lo saben y lo explotan:

  • Notificaciones constantes: diseñadas para llamar tu atención, incluso cuando no es urgente.
  • Scroll infinito: siempre hay más contenido, no hay un “final”, lo que nos mantiene atrapados.
  • Me gusta y reacciones: pequeños gestos sociales que se convierten en validación personal.

Este mismo patrón está presente en los videojuegos. Logros diarios, cofres sorpresa o recompensas aleatorias: dinámicas que generan expectativa y liberan dopamina cuando se cumplen. El móvil, con redes y juegos, se convierte en un casino de bolsillo donde la moneda no es dinero, sino tiempo y atención.

Para los docentes nos supone un reto, tenemos que adaptar nuestros ejercicios y metodologías tanto para captar la atención del alumnado como para que la IA les suponga una herramienta útil y no un simple chivato de soluciones.

Buscar el equilibrio

Demonizar al móvil (y a la tecnología) no es la solución. No es el malo de la película, sino una herramienta potentísima. El problema es cuando dejamos que esa herramienta nos controle a nosotros.

El equilibrio pasa por recuperar cierta conciencia:

  • Silenciar notificaciones que no son importantes.
  • Darse espacios libres de pantallas: una comida, un paseo, una tarde de lectura en papel.
  • Ser pacientes: aceptar que no todo en la vida puede ni debe ser inmediato.

En conclusión

El móvil nos ofrece comodidades increíbles y ha transformado la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. Pero también nos expone a un modelo de consumo inmediato y recompensa fácil que erosiona nuestra paciencia y nos hace más dependientes de lo que creemos.

La cuestión no es si podemos vivir sin el móvil —la mayoría no quiere ni podría—, sino si sabemos usarlo sin que nos robe la atención y la calma. Al final, el desafío es sencillo de formular, aunque difícil de practicar: que el móvil siga siendo una herramienta y no un amo.

Y aquí quería llegar también. Una herramienta que nos permite leer. Con la que combatir la nueva forma de desigualdad que supone que en muchos círculos haya dejado de ser visto como algo deseable la lectura. María Pombo como una de las adalides de esta aberración.

Cuando la influencer afirmó que no leía y que no le parecía importante, dañó a la ya perjudicada compresión lectora. Pensar que leer es ahora algo opcional es una creencia de lujo, solo si tienes suficientes medios no te afecta mantener una idea de este calibre. Cuando tu alrededor está repleto de oportunidades y de cultura que pueden suplir la lectura, no ves lo empobrecedor de tu afirmación.

Renunciar a la lectura no es una decisión neutral si careces de acceso a este entorno más privilegiado. Los libros son una herramienta cognitiva de la que no debemos prescindir; menos cuando no se tienen otros recursos. Nos hacen razonar, adquirir vocabulario, atender de manera prolongada o reorganizar la mente.

Los libros compiten con las pantallas, pero bien empleadas, lejos del placer de las recompensas inmediatas, pueden ser incluso aliadas para paliar la desigualdad. No solo de ingresos, sino de capacidad de pensamiento crítico.

Dejar de leer no es trivial. Es peligroso. Es crucial a nivel personal para prosperar, para aprender. Y a nivel social, la lectura puede ser un gran escudo ante la manipulación. El móvil puede esclavizarnos, pero también liberarnos.

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Soy Álvaro

El 5 de julio de 1954, mi abuelo inauguraba el ‘Liceo Coll’ en Quart de Poblet. El título de esta web pretende homenajearlo.
Después de muchos años enfocándome principalmente en el deporte olímpico, quiero volver a escribir sobre todo aquello que se me pasa por la cabeza: noticias, cine, literatura, deporte, videojuegos…