Votemos

Una película humilde, contundente y relevante.

Votemos arranca con una premisa aparentemente sencilla: una comunidad de vecinos se reúne para dirimir un cambio de ascensor. Pero lo que al principio parece una discusión trivial pronto se convierte en un conflicto mucho más profundo cuando se menciona que el nuevo inquilino será alguien con problemas de salud mental. Esa revelación sacude los miedos, los prejuicios y las inseguridades de los residentes, y convierte el salón de la junta en un microcosmos de la sociedad.

La fuerza de la película radica en cómo aprovecha ese conflicto —tan cercano, tan cotidiano— para hacernos mirar dentro de nosotros mismos. El film pone en jaque nuestras propias actitudes hacia la diferencia, la vulnerabilidad y lo desconocido, acercando al espectador a dilemas reales que conviven en portales, ascensores y patios de vecinos.

El reparto coral —con nombres como Clara Lago, Tito Valverde, Gonzalo de Castro o Raúl Fernández de Pablo— logra que cada conflicto, cada mirada resbaladiza y cada vacilación suene auténtica. Lo cotidiano se llena de intensidad cuando los actores logran humanizar sus dudas. La empatía brota en el espectador gracias a un guion sublime y a un lenguaje no verbal impecable de todos.

Gracias a ellos, las escenas no necesitan tiros de efecto: basta una pausa, un gesto, una respiración. Eso las hace palpables, reales, y al final cuesta no verse reflejado en alguna de las posturas que se debaten en pantalla. La tensión de esta comedia termina siendo otro personaje.

El guion —escrito y dirigido por Santiago Requejo— adapta el cortometraje original de 2021 a un formato de largometraje de forma brillante. No traiciona la raíz del cortometraje: aprovecha la duración extra para profundizar en los personajes, en sus contradicciones y temores, y mantiene el pulso de una historia que se siente cercana pero poderosa.

Lo más meritorio es que no recurre a simplificaciones: son humanos con prejuicios —verticales, cómodos, invisibles—. La película transcurre casi en su totalidad en un salón —un solo escenario físico, como La cena de los idiotas—, algo que podría sonar arriesgado o incluso limitador. Pero maneja esa austeridad espacial con maestría para convertirla en su virtud: obliga a observar rostros, silencios, reacciones. Hace del comedor un escenario cargado de tensión, de claustrofobia social, de decisiones importantes. Solo alguien muy seguro de su idea y de sus actores puede sostenerlo.

Ese minimalismo recuerda, en su efectividad, a obras teatralizadas o películas de cámara cerrada donde el conflicto atmosférico es más poderoso que cualquier decorado. Cada mirada, cada susurro, cada vacilación se siente más intensa.

No entretiene porque pretenda ser un escape a la realidad, divierte porque la enfrenta. Hace de esa reunión de vecinos una metáfora de los prejuicios sociales, del estigma hacia la salud mental, del rechazo a lo nuevo, a lo desconocido. Pero también habla de responsabilidad colectiva, de empatía y de la posibilidad de decidir con humanidad. Se toma con seriedad el sutil hilo de humor que la entreteje.

En ese sentido, no es solo una película sobre un edificio: es una radiografía de nuestra convivencia, de cómo juzgamos, de cómo elegimos —o descartamos— a quienes nos rodean. Es un espejo incómodo, pero necesario.

La estructura íntima y teatral de Votemos, con su entorno aislado y su presión creciente, recuerda un poco a películas como 12 Hombres Sin Piedad (12 Angry Men) o al tono claustrofóbico y social de La jaula de las locas (La Cage aux folles) (su montaje, transformación en guion, su dinámica grupal). No tanto por tema, sino por la forma de exprimir la convivencia, el conflicto de ideas y la fuerza del diálogo como motor dramático.

Al igual que esos films, Votemos demuestra que no hacen falta escenarios grandiosos ni efectos deslumbrantes; basta con reunir a personas reales (o muy creíbles), ponerlas en una habitación, y dejar que salga el debate con sus luces y sombras.

Deja un comentario

Soy Álvaro

El 5 de julio de 1954, mi abuelo inauguraba el ‘Liceo Coll’ en Quart de Poblet. El título de esta web pretende homenajearlo.
Después de muchos años enfocándome principalmente en el deporte olímpico, quiero volver a escribir sobre todo aquello que se me pasa por la cabeza: noticias, cine, literatura, deporte, videojuegos…