Lea esto en diagonal (si puede)

La muerte del subtexto

En el grupo de padres aparece un mensaje claro: sábado, 10:30, campo municipal, partido fuera de casa. Tres líneas. Información ordenada. Sin ambigüedad.

Las primeras respuestas no tardan en llegar:
—¿Cuándo?
—¿A qué hora?
—¿Dónde jugamos?

No es una broma. Tampoco es mala fe. Es algo más inquietante: el mensaje se ha leído, pero no se ha procesado.

La escena se repite en otros escenarios. En un postgrado, tras explicar con detalle un ejercicio, algunos alumnos se preguntan entre ellos qué hay que hacer. No porque no se haya dicho o sea complicado, sino porque no se ha retenido. En otra conversación de Telegram, se sugiere algo entre líneas; mi interlocutor afirma entenderlo, pero días después queda claro que no era así. O en un Ciclo Formativo, cuando palabras tan sencillas como elenco o jerarquía se convierten en un obstáculo inesperado.

Decodificar no es integrar. Reconocer palabras no equivale a captar intención, matiz o subtexto. Y ahí es donde empieza el problema.

Porque lo verdaderamente preocupante no es no entender algo. A todos nos ocurre. Lo grave es no saber que no se ha entendido. La falsa sensación de comprensión. La seguridad con la que se opina, se responde o se actúa sobre una base mal leída.

La comprensión lectora parece haberse convertido en una habilidad opcional. Algo accesorio, prescindible, como si bastara con captar la superficie. Se lee en diagonal. Se escanea. Se buscan palabras clave como quien busca salidas de emergencia. Si un texto exige atención sostenida, ya resulta sospechoso. Si requiere detenerse, releer, pensar, entonces es “demasiado largo”.

Comprensión lectora y "mucho texto" memes.

No hace falta convertir esto en una elegía nostálgica ni en una cruzada contra la tecnología. Soy muy cansino con esto, lo sé, pero el problema no es la pantalla en sí, sino la cultura de la inmediatez que nos ha acostumbrado a consumir información sin masticarla. Todo debe ser rápido, breve, directo. Sin pliegues. Sin capas. Aunque siempre se le puede preguntar a la IA si las hay…

Y la realidad no funciona así. Las ideas importantes rara vez caben en un titular. Las conversaciones profundas exigen matices. Y el pensamiento crítico nace precisamente de esa fricción entre lo que se lee y lo que se interpreta. Por no hablar de que en algunos entornos la caza de ironías se ha vuelto más complicada que la de gamusinos.

Cuando se pierde la capacidad de leer entre líneas, se pierde algo más que vocabulario. Se pierde precisión. Se pierde capacidad de análisis. Se pierde defensa frente al discurso simplista. Siempre habrá quien se beneficie de una audiencia que solo capta la primera capa del mensaje. La ambigüedad calculada y el eslogan funcionan mejor cuando nadie examina el contenido.

Tal vez lo más inquietante no sea que la comprensión lectora esté debilitándose, sino que no parezca importarnos demasiado. Que lo asumamos como una excentricidad académica —ya está Álvaro con lo de siempre—, cuando en realidad afecta a la forma en que entendemos el mundo y a los demás. ¿No habéis notado que cada vez cuesta hacernos entender más?

Y ahora viene la ironía inevitable: este artículo ya es largo para algunos.

Parafraseando a Bernd Schuster: no hace falta decir nada más.

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Soy Álvaro

El 5 de julio de 1954, mi abuelo inauguraba el ‘Liceo Coll’ en Quart de Poblet. El título de esta web pretende homenajearlo.
Después de muchos años enfocándome principalmente en el deporte olímpico, quiero volver a escribir sobre todo aquello que se me pasa por la cabeza: noticias, cine, literatura, deporte, videojuegos…