Cordero: una comedia brillante sobre lo intocable

Un evangelio distinto

Hay libros que cuando uno empieza a leer ya sabe que va a pasar a recomendar cada vez que tenga oportunidad. Una vez concluido, lo reconfirmo, Cordero, de Christopher Moore, es una obra que es un crimen lo difícil que es de conseguir. ¡Larga vida a las plataformas de segunda mando! Y sí, lo he terminado en plena Semana Santa, la coincidencia no puede ser más oportuna. O más peligrosa, según quién lea.

La premisa es tan sencilla como brillante: contar la vida de Jesús —o Joshua, como se le llama aquí— desde el punto de vista de su mejor amigo, Colleja. Un personaje que, por cierto, tiene bastante más calle que santidad.

Desde ese punto de partida, Moore construye una novela que se mueve en una cuerda floja muy delicada: la de hacer humor con un material profundamente simbólico sin caer en la burla fácil ni en el cinismo vacío. Y lo sorprendente es que lo consigue.

Porque Cordero no es una parodia sin más. Es una reinterpretación. Una mirada lateral, humana, a una historia que casi todo el mundo cree conocer de una manera u otra.

Es inevitable pensar en La vida de Brian. No tanto por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta. Ese mismo tono irreverente, ese gusto por desmontar lo solemne sin perder el respeto por el fondo.

Pero Moore juega otra partida.

Aquí el humor no viene solo del contraste entre lo divino y lo mundano. Viene de los personajes, de los diálogos, de las situaciones absurdas que surgen cuando intentas rellenar los huecos “no documentados” de una historia tan conocida.

¿Qué hizo Jesús durante los años de los que no se habla?
Moore responde: probablemente viajar, aprender… y aguantar a su mejor amigo.

Si Joshua es el eje moral, Colleja es el motor narrativo. Y también el corazón.

Es descarado, oportunista, a ratos egoísta… y, sin embargo, profundamente leal. Su mirada es la que convierte la historia en algo cercano, casi cotidiano. Es el filtro que humaniza lo que normalmente se presenta como intocable.

Gracias a él, Cordero no va solo de religión. Va de amistad.

De crecer. De entender el mundo. De acompañar a alguien que sabe que tiene un destino mucho más grande que el suyo.

Lo más interesante de la novela es lo que evita hacer.

No busca provocar por provocar. No necesita escandalizar para funcionar. Su fuerza está en otro sitio: en la naturalidad con la que mezcla lo sagrado y lo cotidiano, lo trascendente y lo absurdo.

Y en cómo, casi sin darte cuenta, te hace reflexionar. Porque entre chiste y chiste, Moore desliza preguntas sobre la fe, el sentido de la vida, el sacrificio o la propia naturaleza humana. Sin ponerse solemne. Sin dar lecciones.

Cordero es diferente porque no se parece a casi nada. Es una novela que entra fácil, que hace reír —mucho—, pero que también deja poso. No es solo humor. Es una forma de mirar una historia mil veces contada desde un ángulo inesperado.

Y eso, en tiempos donde todo se repite, tiene mucho valor.

Aún así, quizá el mayor mérito de Cordero no sea hacernos reír. Ni siquiera reinterpretar una historia tan conocida. Quizá sea recordarnos algo más simple.

Que cuestionar no es atacar.
Que reírse (normalmente) no es faltar al respeto.
Y que mirar las cosas desde otro ángulo no las destruye… a veces las hace más comprensibles.

En una época donde todo parece exigir posicionamientos inmediatos y lecturas únicas, libros como este hacen justo lo contrario. Abren espacio.

Y eso, hoy en día, casi es un pequeño milagro.

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Soy Álvaro

El 5 de julio de 1954, mi abuelo inauguraba el ‘Liceo Coll’ en Quart de Poblet. El título de esta web pretende homenajearlo.
Después de muchos años enfocándome principalmente en el deporte olímpico, quiero volver a escribir sobre todo aquello que se me pasa por la cabeza: noticias, cine, literatura, deporte, videojuegos…