El precio de sostener la farsa

La Infiltrada y La Cena comparten asfixia y caretas

La política nunca se ha decidido en los parlamentos multitudinarios ni en las plazas abarrotadas; se negocia en habitaciones minúsculas donde a los presentes se les suele agotar el oxígeno. Tanto La Infiltrada (2024) de Arantxa Echevarría como La Cena (2025) parten de esta certeza física y demuestran que el thriller seco de espionaje y la comedia satírica pueden compartir exactamente la misma trinchera: cuatro paredes, ninguna salida de emergencia y el pánico cerval a que se te caiga la careta.

Los dos guiones abordan el conflicto ideológico desde extremos tonales opuestos, pero persiguen la misma autopsia moral:

  • La contención en La Infiltrada: renuncia al artificio del tiroteo hollywoodiense para centrarse en la microtensión del impostor. La protagonista no ejecuta un operativo policial; sostiene una performance interpretativa ininterrumpida las veinticuatro horas del día frente a una célula terrorista. Un parpadeo a destiempo o una vacilación al responder destruyen el personaje y acaban con un tiro en la nuca. La política aquí no es un debate académico: es una atmósfera que asfixia.
  • La sátira en La Cena: La película utiliza el ingenio corrosivo del vodevil para desactivar las defensas del espectador. Sentar a los engranajes del poder alrededor de un mantel es el cebo perfecto. Nos reímos del patetismo burgués, pero el texto va introduciendo el bisturí: la comedia funciona como un caballo de Troya que expone cómo la mediocridad y la cobardía institucional se camuflan bajo las normas de etiqueta.

En términos puramente cinematográficos, la claustrofobia no depende del decorado, sino de la distancia focal. Ambas producciones recurren al uso sistemático de teleobjetivos. Las lentes largas aplastan la perspectiva, eliminan la profundidad de campo y pegan el fondo a la coronilla de los actores, negándoles cualquier vía de escape visual. El encuadre se vuelve una ratonera.

Como cuando te juegas cuatro años de encierro y entrenamiento en una sola diana, el sistema nervioso satura y el cerebro entra en visión de túnel: el entorno desaparece, los ruidos se amortiguan y la periferia deja de existir. Solo queda el punto de mira. En La Infiltrada, esa lente fija sobre la nuca transmite el aislamiento del agente que no puede permitirse un solo error cardíaco; en La Cena, el montaje fragmentado corta el espacio entre comensales para convertir los cubiertos en armas blancas latentes.

Sin entrar en el terreno de los spoilers, la recompensa del guion no borra la autopsia política que ambas películas ejecutan sobre sus personajes. Arantxa Echevarría deja claro que, gane o pierda el Estado la partida táctica, es a costa de devorar por completo a la persona que ejecutó el trabajo sucio. Habla de un heroísmo amargo, con secuelas, de la destrucción de una identidad.

En la farsa política de La Cena, el plan de cocineros y camareros tampoco supone un cambio de paradigma: es un acto de pura supervivencia picaresca frente a la podredumbre franquista. El servicio no tiene superioridad táctica, pero sabe que la élite sentada a la mesa es demasiado endogámica y mezquina para mirar a los ojos a quienes les sirven los platos. La comedia no propone derrocar el régimen desde la sobremesa, sino constatar su ridiculez. La dignidad de los de abajo no se negocia con los comensales; se conquista dinamitando el banquete y huyendo por la puerta trasera antes de que llegue el postre.

El verdadero núcleo de ambas obras no es que seamos marionetas vacías, sino el peaje biológico de resistir. Para engañar al fanático armado o al oligarca corrupto estás obligado a meterte en su propio lodo. Ambas historias cierran con éxito su nudo de género, pero dejan una conclusión idéntica: frente a las estructuras extremas de poder, la victoria nunca te devuelve intacto al punto de partida.

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Soy Álvaro

El 5 de julio de 1954, mi abuelo inauguraba el ‘Liceo Coll’ en Quart de Poblet. El título de esta web pretende homenajearlo.
Después de muchos años enfocándome principalmente en el deporte olímpico, quiero volver a escribir sobre todo aquello que se me pasa por la cabeza: noticias, cine, literatura, deporte, videojuegos…